20120402
Esa noche me cabreé con cada una de las personas que me habían hecho daño alguna vez, porque no lo habían conseguido del todo. Yo seguía ahí, obstinado, punzante. No me habían hundido ni un poquito. Con tantas cicatrices, ¿cómo puede uno seguir vivo?
Surgió en mí la necesidad imperiosa y egoísta de hacer a alguien partícipe de mi dolor. No quería que me dirigieran miradas lastimeras o palabras vacías. Tan solo... una persona que advirtiera mi interior desgarrado e intentara curarlo con sonrisas.
Cogí el teléfono. Marqué el número más fácil del mundo.
-Hola. Sé lo que quieres -respondió.
-Oh, qué bien. Yo no.
Suspiró.
-Jacques.
-Síp.
-Deja. De. Pensar. En. Ello.
Me callé. Podía imaginar su cara mientras lo decía: ojos entrecerrados, labios rojos y perfección imperfecta. Mentalmente, dibujé las líneas finas de su perfil enojado.
Ah, enana. Qué bonito tenerte.
-Sé que te aburres, allí tumbado en tu cama, y también sé que te pesa el mundo en los hombros.
-¿Sabes, Emery? Está bien.
-¿Qué es lo que está bien?
-Esto. Imaginarte aquí, saber que existes, oír tu voz. Está bien.
20120328
Me maravillaba mi propia capacidad de crear infiernos a medida. Todo se desplazaba dentro de mí como un universo en expansión, lenta pero inexorablemente. Abrí la boca y grité, en parte porque lo necesitaba, en parte porque allí abajo nadie te oye. Es bonito que mis miedos se conviertan en burbujas, pensé.
Me planteé quedarme ahí un rato. O para siempre. Imaginé mis pulmones llenos de agua, y mi corazón immóvil.
Quizá alguien me echaría de menos. ¿Pensarían en Jacques, aquel chico alegre, generoso y amable? Sí. Por supuesto. Nadie me conocía en realidad.
No quiero que me recuerden como alguien que no he sido. Y, qué raro, ni siquiera quiero que lo hagan como sí he sido. ¿Y por qué, si hay tanta gente, me siento tan solo?
Algo en el agua, en mi propia piel, algo, algo, algo. De pronto recordé los labios oscuros de esa chica. Emery-corazón-de-acero. ¿Así se llamaba? Qué nombre tan extraño. Ella valía la pena. Un día, recordé, le dije que creía en ella. Porque de verdad lo hacía.
Cuánto costaba aguantar el aire.
Salí a respirar.
20120317
when you're one pack of smokes from broke
20120109
20111222
You believe in miracles?
Jacques dijo que ya no creía en nada. Fue un miércoles, lo recuerdo. Lo recuerdo porque ese fue el único día que me pesó más el corazón que la cabeza.
Eran más o menos las cuatro de la tarde y me lo encontré de cara junto a mi esquina, y lo dijo.
"Hoy ya no creo en nada."
Sus labios no mentían, pero sus ojos me miraban como si esperase que yo soltara una carcajada de pronto o rebatiera sus irrebatibles palabras. Como si necesitara que yo le salvase.
"Ja", pensé.
-¿Y eso? -dije.
Sus pestañas cayeron. Yo no dejaba de pensar que aquel miércoles a las cuatro de la tarde junto a mi esquina estaba muy guapo. Pero claro, eso no se lo iba a decir.
-Lo he decidido. De todas formas, no hay nada que valga la pena ya. Nada merece que yo crea en ello.
-¿Ni siquiera el ratoncito Pérez?
Arqueé las cejas, intentando sonar lo más seria posible.
Entrecerró los ojos.
-Lo digo en serio.
-Vale -hice una pausa-. ¿Los reyes magos, quizá?
Me lanzó una mirada que destilaba veneno. Entonces me di cuenta de que deseaba que él creyera en algo. A ver, ¿quién iba a sonreírme todas las mañanas en el pub sino míster-Jacques-dentadura-perfecta?
Le di un toque en el hombro.
-Eh, Jacques.
Ladeó la cabeza.
-Eh, Emery.
-Ya sabes... Ya sabes que siempre puedes creer en mí -aparté la mirada. Había costado menos de lo que pensaba.
Entonces sonrió y me encontré desarmada, aterrada.
-Vale, Emery-corazón-de-acero. Ya lo hago.